Una novia entra en la tienda con una foto del vestido en el móvil y una pregunta: «¿cuál me llevo?». Casi siempre llega pensando en el color, y casi siempre sale con otra idea: que el abanico de novia se elige, por este orden, por el vestido, por la hora de la ceremonia y por la tela. El color viene después, y el blanco puro no siempre es la respuesta. Esta guía recoge lo que respondemos a diario en la tienda de San Lorenzo de El Escorial y por correo. En resumen: el abanico de novia tiene su propia medida, así que lo que hay que elegir es la tela y el color: liso o de plumeti si el vestido lleva encaje, y de encaje si el vestido es liso; en blanco, blanco roto o marfil según el tono del vestido, con los nombres y la fecha en la varilla principal y encargado en cuanto tengáis el vestido. Los abanicos de novia del catálogo van desde 59,30 €. Empieza por el vestido, no por el abanico El abanico va a salir en la mitad de las fotos, pegado al vestido. La regla es sencilla: el abanico acompaña, no compite. Si el vestido tiene dibujo, el abanico se calla; si el vestido es liso, el abanico puede hablar un poco. Vestido de encaje Es el caso más habitual y el que más dudas da. Lo intuitivo es un abanico de encaje, pero dos encajes distintos rara vez quedan bien juntos: los dibujos se pelean. Funciona mejor un abanico liso de algodón, plumeti o tul bordado en el tono del vestido, con varillaje de madera clara. Vestido liso: crepé, mikado, raso Aquí sí. Un vestido liso pide un abanico de encaje o uno pintado a mano con un motivo discreto: aporta la textura que el vestido no tiene. Con mikado y raso, que tienen brillo, un abanico de tul bordado o plumeti mantiene el mismo lenguaje. Vestido princesa Mucho volumen abajo y un cuerpo ajustado. El abanico se lleva a la altura del talle y se ve siempre: va bien un modelo con presencia, en plumeti o tul de algodón, con un calado vistoso en el varillaje. Vestido boho Gasas, lino, flores en el pelo. El abanico puede ser más natural: algodón en marfil o blanco roto con el varillaje en madera vista. Lo que no encaja es un abanico brillante o muy formal. VestidoAbanico que funcionaQué evitar EncajeLiso en algodón, plumeti o tul bordado, mismo tonoOtro encaje distinto Liso (crepé, mikado, raso)Encaje o pintado a mano discretoNada: aquí casi todo vale PrincesaPlumeti o tul, con presenciaModelos muy sencillos, que se pierden en el volumen BohoAlgodón en marfil o blanco roto, madera vistaSatén brillante, acabados lacados Plumeti en marfil con varillaje liso de abedul: relieve que se nota de cerca y ningún dibujo que choque con el del vestido. Ceremonia, hora y lugar El segundo filtro es práctico. Un abanico en una finca en julio a mediodía tiene un trabajo; en una iglesia en octubre, otro. Boda de mañana al aire libre. El abanico se usa de verdad: algodón liso o plumeti, que mueven más aire y no sufren con el sol. Boda de tarde. La más clásica para el encaje y el tul bordado. Hay luz para las fotos y el abanico luce en el cóctel. Boda de noche. Tul bordado o encaje con varillaje oscuro: con luz artificial, lo que se ve es el contraste entre madera y tela. Ceremonia religiosa. Un abanico liso y discreto en la iglesia y, si queréis, otro con más presencia para el banquete. Muchas novias llevan dos. Ceremonia civil. Más libertad: es donde más vemos abanicos pintados a mano y colores fuera del blanco. Si os casáis entre junio y septiembre, pensad también en las invitadas: un abanico en cada silla es el detalle que más se agradece a las cinco de la tarde. Lo contamos en abanicos para bodas. El tamaño: el abanico de novia ya viene a su medida El tamaño no hay que elegirlo: ronda los 25 cm de varilla, algo más que un abanico de diario, para que tenga presencia junto al vestido y se vea en las fotos sin resultar incómodo durante toda la jornada. La medida exacta de cada modelo está en su ficha. Los tamaños pequeños se quedan para las invitadas: un abanico mini cabe en el bolso de mano. Así se ve abierto en la mano: ni se pierde en el vestido ni tapa el ramo. La tela: algodón, plumeti, tul bordado o encaje En el oficio, la tela del abanico se llama país. Cuatro telas cubren casi todas las bodas. Plumeti. Algodón con pequeños motivos en relieve, mate y ligero. Para vestidos de encaje o con dibujo. Tul bordado. Transparencia con bordado, con más presencia que el plumeti. Para vestidos lisos y bodas de tarde y de noche. Algodón. El más resistente y versátil. Liso, en plumeti o en tul, es la base de muchos abanicos de novia: aguanta el día entero. Encaje. Transparencia y dibujo. Deja ver el varillaje, así que el color de la madera forma parte del diseño. Para vestidos lisos y ceremonias de tarde. El varillaje importa tanto como el país. En la colección de novia es de peral, abedul, sapeli o nogal, liso o calado y satinado por ambas caras, en el color natural de la madera o en tonos blancos. Los tonos claros acompañan al vestido; el sapeli, más oscuro, da contraste bajo un encaje o un tul. El color: blanco, blanco roto o marfil Aquí está el error más frecuente. Pocos vestidos de novia son blanco puro: la mayoría son blanco roto o marfil. Un abanico blanco óptico junto a un vestido marfil se ve azulado y frío en las fotos. Blanco. Solo si el vestido es realmente blanco. Pídele un retal a la modista o lleva el abanico a una prueba. Blanco roto. Un punto más cálido que el blanco. Para vestidos que no son blanco puro pero tampoco llegan a marfil. Marfil. El tono que casa con la mayoría de los vestidos. Si dudas, marfil. Si el vestido lleva un color —un lazo, un bordado—, el abanico puede recogerlo en el varillaje. Blanco, blanco roto y marfil. Uno al lado del otro se ve la diferencia; junto al vestido, también. Personalizado con vuestros nombres y la fecha Es lo que convierte el abanico en el recuerdo de la boda y no en un complemento más. La personalización va en la varilla principal, el padrón: ahí van los nombres y la fecha en letras doradas o plateadas, y después se protege con barniz para que no pierdan tono con los años. Sobre la tela no va texto; en el país puede ir un motivo o un logo, pintado o impreso. Para el abanico de la novia se personaliza una sola unidad, sin mínimos. Para los de las invitadas, que se encargan en serie, hay dos mínimos: 25 unidades si van sin pintura, con los nombres y la fecha en el padrón, y 30 unidades si queréis el país pintado a mano. Tenéis las opciones y ejemplos de encargos reales en abanicos personalizados. Y si os gusta la idea, una tarjetita con tres gestos del lenguaje del abanico para que los invitados jueguen durante la ceremonia. El padrón es la varilla exterior: la cara que queda a la vista con el abanico cerrado. Cuándo encargarlo El de la novia, en cuanto el vestido esté decidido: necesitáis el tono exacto y, si va personalizado, tiempo para prepararlo sin prisas. Los de las invitadas, con la lista cerrada y margen: una tirada de 30 abanicos pintados a mano no se hace en una semana. Escribidnos con la fecha y el número de invitados y os confirmamos el plazo. Los modelos del catálogo sin personalizar salen en 24/48 horas, con envío gratis a partir de 50 € en la península y diez días para devolverlos si junto al vestido no es el tono que esperabais. Qué hacer con el abanico después de la boda Pasada la boda, el abanico se guarda cerrado, en su caja, lejos de la humedad y del sol directo. El encaje y el algodón se decoloran con la luz y la madera se resiente con los cambios de humedad; cerrado y bien guardado aguanta décadas. Si queréis tenerlo a la vista, enmarcadlo abierto en una caja de cristal, fuera del sol. Y si queréis seguir usándolo, hacedlo: un abanico de novia en marfil es un abanico de ceremonia perfecto para las bodas y comuniones de los años siguientes. Errores habituales Elegirlo por una foto, sin el vestido delante. Blanco óptico con un vestido que es marfil. Encaje sobre encaje. Abrirlo tirando de la tela. Se abre siempre desde las guardas, las dos varillas exteriores. Dejarlo para la última semana. Guardarlo abierto, fuera de su caja. Y las demás: madrina e invitadas La madrina puede permitirse más color, más dibujo y un pintado a mano que acompañe a su vestido, siempre un punto por debajo de la novia en protagonismo; las invitadas, lo mismo con más libertad. Para unas y otras hay una colección propia de abanicos de fiesta y ceremonia, y para encargarlos por cantidad, los lisos y los mini personalizados con la fecha son lo que más se repite. Preguntas frecuentes sobre el abanico de novia ¿Qué abanico de novia va con cada vestido? Con vestido de encaje, un abanico liso o de plumeti en el mismo tono. Con vestido liso, uno de encaje. Con vestido princesa, un modelo con presencia en plumeti o tul; con vestido boho, algodón en marfil o blanco roto con la madera vista. ¿El abanico de novia tiene que ser blanco o marfil? Depende del vestido: hay abanicos de novia en blanco, blanco roto y marfil. Pocos vestidos son blanco puro, y un abanico blanco óptico junto a un vestido marfil se ve frío y azulado en las fotos. Compáralo con un retal del vestido antes de decidir. ¿Qué tamaño tiene un abanico de novia? El abanico de novia tiene su propia medida, en torno a los 25 cm de varilla: algo mayor que un abanico de diario, para que se vea junto al vestido. La medida exacta de cada modelo está en su ficha. ¿Se puede personalizar el abanico de novia con los nombres y la fecha? Sí. Van en letras doradas o plateadas en la varilla principal, el padrón, y se protegen con barniz. Para el abanico de la novia no hay mínimo; para los de las invitadas, 25 unidades sin pintar o 30 si el país va pintado a mano. ¿Con cuánta antelación hay que encargar el abanico de novia? El de la novia, en cuanto esté decidido el vestido. Los de las invitadas, con la lista cerrada y un par de meses de margen. Los modelos del catálogo sin personalizar se envían en 24/48 horas. ¿Cuánto cuesta un abanico de novia? Los abanicos de novia del catálogo van desde 59,30 € y la mayoría están entre 60 y 90 €. El envío es gratis a partir de 50 € en la península y hay diez días para devolverlo. Dónde verlos Años después, el abanico sigue siendo el objeto de la boda que se vuelve a abrir. 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